Y pronunció las palabras que SABÍA despertarían a la bestia… “Dale gorda, ponele un poco de onda”… ONDA???!!! ON-DA???!!! Cómo si vos tuvieras la más re-puta idea del concepto de tener onda! Cuando te ponés en pelotudo y me regalas flores para mi cumpleaños sabiendo lo que pienso al respecto, ¿le ponés onda?
O acaso cuando me llevás al cine y se te ocurre la fantástica idea de poner en manifiesto tu inmenso amor hacia mí en medio de la película, mientras todo el cine nos mira con cara de “páguense un telo en vez de venir a joderles la vida a los que realmente venimos esperando el estreno de esta película hace más de 5 meses”, ¿te parece que estás llevando a cabo un acto con “onda”? NO. A mí me parece que no. (Are you with me bitches? Yeah baby!)
Entonces, me pregunto. ¡¡¡¿Bajo qué concepto te atreves a decirme que le ponga “un poco de onda” pedazo de forro?!!!
Navidad en tu casa. Hora de abrir los regalitos. ¿Qué me toca? Una tanga rosa. UNA TANGA ROSA!! Y me pedís que le ponga onda? OK. Si haberme gastado 350 mangos en toda tu familia: 200 íntegros en la remerita de tu hermana “ah no a mi hermana le copa la ropa de Rapsodia” no califica como “ponerle onda”, entonces estamos en el horno con el pollo de Navidad (sí, 40 grados de calor a la sombra y a tu familia se le ocurre comer pollo AL HORNO, ¿una sopita de entrada, no, no?) Porque tu hermanita se comprará hasta el papel higiénico para limpiarse el orto en Rapsodia, pero bien que no tienen un puto aire acondicionado para calmar el furioso calor que me hacés fumar vos y el klan del pollo al horno con papas de tu familia.
Y mientras tu tío Alberto, con 7 vinos en su haber, no para de mirarme las tetas y de repetirme “ay qué suerte tuvo mi sobrino eh, porque mi sobrino no es ningún tontito”, yo, no paro de ponerle onda. ¿Y tu vieja? Qué me decís de tu vieja que no para de mirarme con cara de “vos sos la puta que me robó a mi bebito y TE VOY A CAGAR LA VIDA”. Pero señora, devuélvame mejor la cartera divina que le acabo de regalar y le devuelvo a su bebito con moño, papel celofán, papel picado, brillantina y una carta dónde le detallo el grado de pelotudez humana que puede alcanzar su “bebito” en ciertos momentos, ¿y sabe por qué lo hago, no? PORQUE SOY LA REINA DE LA BUENA ONDA.
Sorry amor, pero al vittel toné de mi vieja no lo cambio por una tanga rosa ni mucho menos por una suegra hija de puta. ¡CHIN CHIN por un 2011 a soltería eterna bombón!

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